Desde que Patri murió hay muchas cosas a mi alrededor que son incómodamente dolorosas.
El “han matado a Patri” escrito en varios lugares en mi cotidiano camino al supermercado, su nombre en el buzón que finalmente saqué hace un par de semanas, los armarios de la cocina carentes de bollería, la ausencia de pelos rizados pegados en las paredes de la bañera, cosas pequeñas que se van acumulando hasta formar una pirámide grotesca en mis pensamientos, especialmente antes de dormir (o de tratar de hacerlo).
La correspondencia dirigida a ella es otra de esas cosas que me ponen en un estado inconfortable y quizás también inconsolable. Por suerte los del banco ya se han dado por enterados (parece como si hasta les gustara que sus clientxs pobres murieran). No así ESTA PUTA MIERDA DE AYUNTAMIENTO. Ellos son los primeros que deberían saber que su “ciudadana” está muerta, ellos que todo lo registran y todo lo saben. Pero no, hoy en el buzón, junto a mi papeleta para ir a votar, he encontrado la de Patri.
Dicen que la segunda legislatura de George W. Bush fue ganada gracias a la gente muerta que, milagrosamente, volvía para votar desde el más allá. Estarán aquí copiando estrategias?
A quién hubiera votado Patri? Eso es algo que nunca le pregunté.
